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El Vermut Cal Grau es un tributo a la tradición de los "vins aromatitzats" del Priorat. Se elabora a partir de una base de vino blanco de alta calidad (predominantemente Garnacha Blanca), que se infusiona con una cuidada selección de más de 30 hierbas aromáticas, raíces y especias. Entre los botánicos destacan el ajenjo, el dictamo de Creta, la canela y la piel de naranja amarga. Tras el proceso de maceración, el vermut realiza una breve crianza en barricas de roble que han contenido previamente los vinos tintos de la finca, lo que le otorga su característico color caoba y una estructura tánica muy sutil.
En nariz es intenso y muy complejo, con un equilibrio perfecto entre las notas dulces de la canela y la vainilla frente a los toques amargos y medicinales de las hierbas de monte bajo. En boca tiene una entrada densa y aterciopelada; es equilibrado, con un dulzor bien integrado que da paso a un final elegantemente amargo y muy persistente, con recuerdos cítricos y especiados. Es el compañero ideal para el ritual del aperitivo, servido con hielo, una rodaja de naranja y una oliva, maridando a la perfección con conservas, salazones y quesos potentes como el Idiazabal.
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El Vermut Cal Grau es un tributo a la tradición de los "vins aromatitzats" del Priorat. Se elabora a partir de una base de vino blanco de alta calidad (predominantemente Garnacha Blanca), que se infusiona con una cuidada selección de más de 30 hierbas aromáticas, raíces y especias. Entre los botánicos destacan el ajenjo, el dictamo de Creta, la canela y la piel de naranja amarga. Tras el proceso de maceración, el vermut realiza una breve crianza en barricas de roble que han contenido previamente los vinos tintos de la finca, lo que le otorga su característico color caoba y una estructura tánica muy sutil.
En nariz es intenso y muy complejo, con un equilibrio perfecto entre las notas dulces de la canela y la vainilla frente a los toques amargos y medicinales de las hierbas de monte bajo. En boca tiene una entrada densa y aterciopelada; es equilibrado, con un dulzor bien integrado que da paso a un final elegantemente amargo y muy persistente, con recuerdos cítricos y especiados. Es el compañero ideal para el ritual del aperitivo, servido con hielo, una rodaja de naranja y una oliva, maridando a la perfección con conservas, salazones y quesos potentes como el Idiazabal.