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Peso neto:
El Perelada 5 Finques Blanco es un ensamblaje complejo que nace de la combinación de uvas procedentes de cinco fincas con suelos y microclimas distintos (Garbet, Malaveïna, La Garriga, Pont de Molins y Espolla). Se elabora principalmente con Garnacha Blanca , acompañada de variedades como Sauvignon Blanc y, en ocasiones, un toque de Chardonnayo Macabeo. Lo que define su personalidad es que una parte del vino realiza una fermentación y crianza en barricas de roble (normalmente unos 4-6 meses), mientras que la otra parte se mantiene en depósito para preservar la frescura de la fruta.
A la vista presenta un color amarillo pajizo con reflejos brillantes y dorados. En nariz es muy rico en matices: aparecen notas de fruta de hueso (albaricoque), cítricos maduros y flores blancas, perfectamente integradas con sutiles recuerdos de vainilla, tostados y ahumados procedentes de la madera. En boca es un vino con cuerpo, untuosidad y estructura , pero equilibrado por una buena acidez que lo hace vibrante. Su final es largo, con un postgusto donde reaparece la fruta y un ligero toque mineral. Es ideal para platos de mayor intensidad que un blanco joven: pescados en salsa, arroces caldosos, carnes blancas y quesos de media curación.
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El Perelada 5 Finques Blanco es un ensamblaje complejo que nace de la combinación de uvas procedentes de cinco fincas con suelos y microclimas distintos (Garbet, Malaveïna, La Garriga, Pont de Molins y Espolla). Se elabora principalmente con Garnacha Blanca , acompañada de variedades como Sauvignon Blanc y, en ocasiones, un toque de Chardonnayo Macabeo. Lo que define su personalidad es que una parte del vino realiza una fermentación y crianza en barricas de roble (normalmente unos 4-6 meses), mientras que la otra parte se mantiene en depósito para preservar la frescura de la fruta.
A la vista presenta un color amarillo pajizo con reflejos brillantes y dorados. En nariz es muy rico en matices: aparecen notas de fruta de hueso (albaricoque), cítricos maduros y flores blancas, perfectamente integradas con sutiles recuerdos de vainilla, tostados y ahumados procedentes de la madera. En boca es un vino con cuerpo, untuosidad y estructura , pero equilibrado por una buena acidez que lo hace vibrante. Su final es largo, con un postgusto donde reaparece la fruta y un ligero toque mineral. Es ideal para platos de mayor intensidad que un blanco joven: pescados en salsa, arroces caldosos, carnes blancas y quesos de media curación.